Desconozco si alguna de vuesas mercedes ha tenido el gusto de paladear los sabrosos manjares que podemos degustar en el comedor de la Facultad de Comunicación. Si es así, reciban mis felicidades, ya que así tendrán una experiencia más para contarle a sus nietos. Y si no… bueno, tampoco se pierden nada.
Como todos sabemos, los menús de nuestro comedor son poco menos que exquisiteces divinas de las que sólo los estudiantes de la Facultad de Comunicación tenemos la suerte de disfrutar. La suerte o la desgracia, no sé qué es más apropiado decir…
Ahora bien, dejando la ironía a un lado, voy a hacer una descripción de las magnificencias del susodicho comedor, un manual de instrucciones para todos aquellos que aún no hayan disfrutado de este gran lujo relegado sólo a aquellos que sean de la Facultad.
En primer lugar, hablaré de la conveniencia de llegar al comedor a una hora prudente. Los empleados suelen abrir sus puertas a las 13.30 o las 14.00, no sé la hora exacta… Pero lo que sí sé es que a las 14.05 hay una cola que llega casi hasta la salida, y que a las 14.30 ya no queda ni una mesa libre. Así que, si tienes clase hasta las 14.30, más vale que te tangues la última media hora si no quieres comer de pie.
Antes he citado al personal… Pues bien, tengo que reconocer que es lo que más me gusta del comedor. Los camareros rebosan simpatía, y siempre te atienden con una cara que parece que les has pegado una patada en el estómago. En especial mi amigo “El Chulángano”, un jipi de 2m con complejo de modelo fracasado y 2kg de gomina en los pelos, que lo mismo te cuenta su vida porque sí, que te reclama que lo llames “Don Juan Nosequé” (no sé qué apellido me dijo) o coge confianzas contigo como para llamarte patoso en la cara.
Por otro lado, es necesario destacar la variedad de los menús. Se distribuyen por días y cambian cada semana. Aunque al final te parece que estás comiendo lo mismo que la semana anterior pero mezclado de otra forma. Hemos realizado una selección de lo mejor de estos menús y nos ha quedado lo siguiente:
* Las papas fritas: servidas a temperatura ambiente (uséase, más bien frías); además, sientes el impulso asesino de echarles 3kg de sal por razones obvias
* Las salsas: preparadas con tanta paciencia y dedicación que comienzan a hacerlas el día antes. Lo que sobra se utiliza para pegar carteles en la Facultad.
* Los primeros platos: cocinados según la receta de mi abuela, con los mismos pocos condimentos que en los tiempos de Franco.
* El pan: horneado en la panadería francesa “Pan d’Antié”; viene con lima incorporada para afilarte los dientes por si te los partes.
* La fruta: del tiempo… del tiempo de mi abuelo, quiero decir.
* La pasta: con bajo contenido en grasa, es decir, más seca que el ojo de un tuerto.
* El arroz con leche: suponemos que el arroz lo cogieron del barco que se hundió en San Fernando, o bien los granitos de arroz querían hacer campeonatos de natación, porque lo único que te encuentras son cuatro granos nadando en la leche.
Sin embargo, lo que mejor nos ha parecido es la fideuá. Por ello, hemos investigado y el maître nos ha concedido la receta secreta de esta delicia. El proceso es tal que así:
Se decide en qué semana se va a servir la fideuá como primer plato.
Durante la semana anterior se guardan los restos de todos los primeros platos, tanto los que han sobrado en la olla como en los platos de la gente.
Se recolectan todos los restos de espaguetis de esa semana, se enjuagan en agua y se cortan en pedacitos.
Se escurren todas las tacitas de flan, aprovechando hasta la última gota.
Se junta todo y se le añaden 3kg de sal para quitarle el dulzor del flan (como gastan toda la sal con esto, al final nunca queda para las papas).
Fácil, ¿eh? Ahora, cuando tengáis la oportunidad de comer fideuá, podéis comprobar la presencia de cada uno de estos ingredientes. Así…
-… los fideos son los espaguetis cortados en trocitos.
-… el flan es la salsa amarilla de la fideuá, pero gracias a la sal no se nota.
-… los restos de los primeros platos de la semana anterior conforman los diversos ingredientes que acompañan a los “fideos”, de ahí que te encuentres desde tomates de la ensalada a una haba, como me pasó a mí.
Hasta aquí la visita guiada por el comedor de la Facultad de Comunicación de Sevilla. Nada más. Sólo desearos buen provecho y buena estancia si cualquier día deseáis comer en este agradable lugar. Y, sobre todo, no dejéis pasar la ocasión de probar la fideuá. ¡¡No os arrepentiréis!!
-_NxitA_- — 10-09-2006 16:26:42