todo es normal. no hay que buscar el porqué de las cosas. no hay que esforzarse por entender lo que nos pasa. nada de esto tiene significado. y si nos empeñamos en buscarlo, acabaremos mirando por el borde de un oscuro abismo, al que nos caeremos si remedio.
la vida es dura. no nos da tregua ni respiro. muchos se lamentan de su mala suerte, y no se dan cuenta de que de nada sirve eso. vuelvo a decir lo mismo, no hay que buscar explicación a las cosas. la vida es así. unos ganan, otros peirden. unos son acepatdos, otros rechazados. hay quien se busca los problemas y se mete en lios, hay quien va buscando a los demás para enmarronarlos. tan jilipollas son unos como otros. pero qué le vamos a hacer, las cosas son así.
muchas veces te encuentras en situaciones a las que no sabes cómo has ido a parar, y entonces te pones a pensar. tu memoria sufre un continuo flashback, en el que solo se reflejan tus errores, o bien errores de los que, tardo o temprano, te acabas autoacusando. es la miseria de la vida. un día te levantas asomado al más alto balcón del olimpo, y ese mismo día después de comer te encuentras rodando montaña abajo. un traspiés, un error de cálculo, un detalle que se nos escapa en nuestra milimétrica planificación de acontecimientos, y todo se va al carajo.
los hay con estrella, y los hay estrellados. unos consiguen todo lo que se proponen, con un mínimo esfuerzo, y en un tiempo casi récord. caen bien a todos digan lo que digan, hagan lo que hagan, y aunque digan o hagan algo que se salga de contexto o vaya con mala intención, siempre son bien interpretados. los otros, por el contrarios, se empeñan en hacer las cosas, bien por esfuerzo, bien por cabezonería. pero por más horas y trabajo que le dedican a su empresa, no consiguen nada, porque siempre llega uno con estrella que en un momento y con el mínimo esfuerzo echa a perder todo el trabajo de meses y meses de sangre sudor y lágrimas, muchas lágrimas. y se preguntan por qué demonios les darían la facultad de hablar, pues si hablan mal y si callan peor. y cuando se deciden a hablar, si dicen algo bienintencionadamente, es interpretado de forma contraria, es decir, con la peor interpretación que se le puede dar, y si, ya directamente, dicen algo con la intención de hacer daño, aunque sea poco, entonces desatan la caja de los truenos, y las consecuencias son pésimas (algo justo, sí, pero no cuando a otros, por contra, no les sucede nada).
todo esto, sin embargo, es palabrería. no sirve de nada detenerse en estas trivialidades. no merece la pena analizar cosas que no tienen solución, pies, cabeza, remedio o vuelta de hoja. no hay que malgastar nuestro valioso tiempo en ello, aunque de todos modos no se tenga en qué emplearlo. como diría un viejo conocido (pues cada día es más incierto quién es amigo y quién es conocido en esta perra vida), no hay tu tía. claro que no. las cosas son así...
Batibuti — 10-09-2006 17:52:15
ANTON — 10-09-2006 17:54:46